Manual de la Pista



Recibir  la pista cultural

Buscar en la pista
17
  INSTITUTO DE ESTUDIOS CRÍTICOS

  TEXTOS

TEORÍA CRÍTICA Y PSICOANÁLISIS. ENTREVISTA CON JEAN-MICHEL RABATÉ
Teoría crítica y psicoanálisis. Entrevista con Jean-Michel Rabaté
“Teoría crítica y psicoanálisis. Entrevista con Jean-Michel Rabaté”, por Benjamín Mayer Foulkes

La teoría por venir

Hace poco me fue solicitado un libro sobre el futuro de la teoría. En él parto de la entusiasta acogida de las corrientes francesas en Estados Unidos durante la década de 1970, y de cómo ésta condujo más recientemente a una reacción contra la teoría en nombre de la historia, la política y los estudios culturales. En la década de 1990 muchos profesores de literatura se sintieron aliviados: la teoría estaba ‘muerta’, podían regresar a la historia literaria más tradicional y dejar atrás la anterior inserción (acaso demasiado brusca) de mucha filosofía por Jacques Derrida, Paul De Man y otros. Pero tal reacción fue prematura, todo esto está muy lejos de haber terminado.

Actualmente la oposición entre la ‘alta’ teoría (tachada de elitista) y los ‘bajos’ estudios culturales (considerados políticamente más a la izquierda) ya no es pertinente. Lo fue en la Inglaterra de los 60, cuando fueron inventados los estudios culturales como una vertiente neomarxista (Raymond Williams, Perry Anderson, Stuart Hall), relevada posteriormente por el marxismo althusseriano de críticos como Terry Eagleton y Frederic Jameson. Hoy todas estas fronteras se han desvanecido.

Cuando me refiero a la teoría miro hacia la filosofía en pos de un momento de autodefinición. Sin embargo (en parte por razones psicoanalíticas) sostengo que, si es algo, la teoría no puede ser sólo filosofía. La teoría ha tenido el efecto de historizar la filosofía: ha historizado la demanda por ‘la filosofía de...’ y el deseo tras el ‘quiero saber la verdad’, ‘quiero poseer la verdad ahora’. Dicha historización reconduce el clamor por la verdad al socrático ‘no sé’, ‘quiero saber’. Friedrich Nietzsche decía de Platón que era un dramaturgo fracasado. Ciertamente, en Platón hallamos no sólo la invención del Idealismo, sino también la creación de cierta escena del deseo de la verdad: el Simposio puede considerarse como filosofía pura, pero es a la filosofía lo que el Cantar de los cantares es al catolicismo.

Siempre se ha sentido la necesidad de un discurso integrador: pienso en Henri Bergson en la Francia de 1900, un filósofo famoso que podía dialogar con Albert Einstein a la vez que proveer una cierta teoría de la vida, del deseo, la conciencia y demás. Se ha atribuido con excesiva generosidad a Derrida y a la deconstrucción la abolición de la frontera entre la filosofía y la literatura, pero tal abolición se ha practicado con mucha frecuencia a través de los siglos por escritores como J. W. Goethe, quien no dudó en desplazarse de la prosa a la poesía y la ciencia. Existe una larga tradición de textos filosóficos ligeramente anómalos entre los que figuran los de Nietzsche, Arthur Schopenhauer y Thomas Carlyle.

Entonces no brindo una respuesta definitiva acerca del futuro de la teoría, pero apuesto a que sí tiene un futuro.


De la Escuela de Frankfurt al grupoTel Quel

Resultaría demasiado fácil identificar la teoría a la que me refiero con la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt. Considero que dicha Escuela representó un momento muy importante, y cuando enseño teoría jamás la excluyo, pero tampoco la presento como el inicio u origen. A pesar de que la Escuela de Frankfurt fue la primera en sistematizar la noción de ‘teoría crítica’, y que tenía una teoría de la función crítica del arte, hoy la escena ha cambiado tanto que su contribución ya no se aplica del todo.

La Escuela de Frankfurt tuvo el mérito de ocuparse de la cuestión de la literatura, que ha tomado el lugar central en tiempos más recientes y que nunca fue resuelta por el marxismo. Para Theodor Adorno, Samuel Beckett y Franz Kafka eran indispensables para promover la noción de la escritura crítica. En su polémica con György Lukács, Adorno destacó claramente la función política de tales textos apolíticos; mientras Lukács atacaba a estos escritores por ser demasiado ‘nihilistas’, ‘antihumanistas’ y ‘experimentales’, Adorno señaló con genialidad que por la mera fortaleza de su escritura lograban que algo explotara.

Pero fueron los intelectuales asociados con el grupo Tel Quel en el París de los 60 (que no leían a los sociólogos de Frankfurt y cuyas inclinaciones los remitían más bien a los rusos o a la tradición francesa), quienes investigaron una serie de textos “de ruptura” como explosiones directas del contínuo metafísico. Entre ellos se volvió casi un cliché la asociación de autores filosóficos con autores literarios: por ejemplo, el despliegue simultáneo de Karl Marx, Antonin Artaud, Mao Tse Tung, Georges Bataille, G. W. F. Hegel y James Joyce a fin de generar tales momentos en que se alcanzaba una especie de ruptura antimetafísica.

El Derrida temprano es muy telqueliano: en su Introducción a El origen de la geometría de Edmund Husserl, Derrida cita a Joyce, Stephane Mallarmé, Paul Valéry y a Goethe como referencias ineludibles del momento en que la escritura aparece como un problema para la filosofía, o incluso como una antifilosofía.

Esto trasciende lo aportado por la Escuela de Frankfurt. Ésta destacó la naturaleza inherentemente ética o política de los textos centrales del modernismo que implicaban una crítica y una negatividad radicales, aunque ningún valor o estrategia política fuese directamente comunicada. Lo mostrado por Derrida y otros es que para subvertir algo como una ideología del yo, de la conciencia y de la verdad hay que prestar atención, además, a aquel aparato decisivo que opera por doquier, no sólo en la filosofía y la literatura sino también en la sociedad, que sólo puede ser distinguido mediante un examen muy detallado de lo que ciertos escritores han operado con la escritura.


La teoría crítica y el psicoanálisis

¿Cómo situar a Lacan en relación con todo esto?
El reclamo lacaniano de que Derrida le robó ideas que él había anticipado no fue del todo absurdo. El motivo central de este reclamo es la escritura, entendida a la manera muy francesa en que la planteó originalmente Barthes, en El grado cero de la escritura (una refutación de Sartre), y que posteriormente desplegó Lacan en su trabajo sobre lo que llamó la letra.

Lacan retornó a Freud para mostrar que toda su obra, aun si no es literatura, se ocupa de la letra y su estatuto; asimismo, mediante la lectura de textos de Freud insuficientmente valorados por otros analistas (como el Proyecto de psicología y la correspondencia con Fliess) destacó la idea freudiana de que el inconsciente no es como un lenguaje, sino como una escritura. Él se mostró extremadamente hábil al señalar esto, pero por alguna extraña razón tendió a relegarlo en los años 70, quizás a causa del predominio, en el nivel puramente pragmático del psicoanálisis, del contínuo fónico del significante discursivo: Lacan se olvidó de que el significante, como él mismo lo había definido, estaba conformado por escritura y no sólo por sonidos.

Después vino el choque de Lacan con Derrida (en que no tiene sentido limitarse a contabilizar quién gana y quién pierde, o quién lo dijo primero), seguido por debates más recientes como aquél entre Rodolphe Gasché y Slavoj Žižek. La discusión continúa en lo que ha sido un diferendo singularmente productivo. Al releer cuidadosamente diversos trabajos de Lacan, como el Seminario sobre Joyce, constatamos que por desgracia en verdad Lacan no entendía a Derrida. Por su parte, Derrida fue un tanto injusto con el primero en su refutación del Seminario sobre Poe. Ahora, en un libro publicado hace tan solo algunos meses que fue leído en París, en 1999, durante el foro Etats Generaux de la Psychanalyse, vemos a Derrida retormar su vínculo extraño, travieso y fascinado con el psicoanálisis.

El principal puente entre la teoría crítica y el psicoanálisis es el debate acerca de si la Ilustración debe, o no, constituir un valor. Lacan tiene el cuidado de subrayar que Freud era un ilustrado, y también acierta en denunciar la perversión del psicoanálisis norteamericano que tomó esta filiación demasiado literalmente, creyendo que la idea era traer luz a donde sólo hay obscuridad. El empalme de Lacan y la Escuela de Frankfurt es indudable en el examen crítico del Marquis de Sade; en este sentido, no estoy seguro si Lacan leyó la Dialéctica del iluminismo de Horkheimer y Adorno; Roudinesco asume que sí, Žižek que no, yo me lo pregunto; en todo caso, sorprende su cabal acuerdo con Adorno en que la Ilustración puede por sí misma conducir al totalitarismo.


Lacan y la filosofía

Hoy la interrogante es qué hacer con Lacan, y qué ha sido transmitido de la teoría lacaniana en el campo de la teoría crítica, los estudios culturales y la filosofía.


Un filósofo a quien recurro es Alain Badiou, quien actualmente intenta construir una filosofía lacaniana. Comparte con Lacan la idea de que las matemáticas brindan la llave para cierto acceso a la verdad y a la ciencia. Mucho más que Derrida, Badiou es un filósofo de la ciencia: ha escrito mucho sobre matemáticas, lógica, el infinito, Gottlob Frege, Georg Cantor y demás. Pero, como Derrida, es también un filósofo literario que ha escrito muy bien sobre escritores como Beckett, además de ser autor de novelas.

Badiou halla en Lacan un cierto programa para la filosofía actual que no caería bajo la tentación del historicismo, el gran peligro de los estudios culturales (‘retornemos a la historia, al menos ahí tenemos hechos’). Como Lacan y Derrida, Badiou es crítico con este flanco débil de los estudios culturales que ha reconducido a la crítica más tradicional, al estudio de las biografías y los contextos. Eso se hace en la Sorbona desde hace más de dos siglos: aún recuerdo seminarios en que se nos insistía que no se puede leer a Racine o a Moliére si no se sabe cuál era la moneda utilizada entonces, y cuánto dinero gastaban. Sin duda, se trata de problemas legítimos, pero no de la clave de los textos.

Pienso que existe un programa para la filosofía a partir del planteamiento lacaniano de la cuestión de la verdad, a pesar de que, como sostiene Lacan, no se pueda decir plenamente, y de que consideremos, al modo derridiano, que la verdad también está fincada en el dispositivo de la escritura. Desde mi punto de vista tales consideraciones no se contraponen a una filosofía lacaniana.

En principio no diría que Derrida representa la articulación filosófica de Lacan, quizás porque colaboré con él en un momento en que comenzaba a criticar los efectos lacanianos o la filosofía lacaniana como tal. Considero a Derrida como un filósofo que toma el psicoanálisis en cuenta, lo cual complica su labor aún más, pero lo concibo esencialmente como un filósofo heideggeriano que intenta pensar, de una manera muy heideggeriana, contra sí mismo y contra Martin Heidegger.

En cambio, Badiou está más cercano al estilo lacaniano: es más asertivo y, como Baruj Spinoza, utiliza axiomas. Está menos obsesionado por la historia de la metafísica que Heidegger: para él simplemente no es un problema. En este sentido, Derrida es más genealógico. Y en cuanto a Lacan, su posición es muy variable. Derrida siempre ha procurado saltar entre al menos dos discursos, dos lenguajes: eso le ha permitido demostrar que en Lacan existe una inconsistencia entre su discurso heideggeriano y su discurso freudiano, y, al mismo tiempo, plantear preguntas freudianas a Heidegger (por ejemplo, sobre la diferencia sexual). Pero considero que su posicionamiento de la verdad es distinto al de Lacan: desde una perspectiva derridiana hay algo demasiado apresurado en las aseveraciones lacanianas.

Sin embargo, sí concuerdo en que el proyecto de Derrida es el de un freudismo que no pasa por el dispositivo psicoanalítico clínico. Desde esta perspectiva, si se limita la filosofía lacaniana al sentido de una problemática y de ciertas preguntas planteadas al lenguaje por la filosofía, efectivamente se puede decir que Derrida articula a Lacan en términos filosóficos.

Resulta un aspecto biográfico curioso que Lacan siempre sintiera necesidad de un filósofo que sistematizara su propia enseñanza. Creo que es un error que dio vida a Jacques Alain-Miller, quien terminó siendo la persona que Lacan necesitaba. Sin entrar en aspectos políticos, creo que Miller fue atrapado por el deseo de Lacan. Sabemos que Lacan lo había intentado con Paul Ricoeur, y que no funcionó: Ricoeur escribió ese trabajo terrible sobre la interpretacion. Luego lo intentó con Derrida, y la cosa resultó aún peor. Finalmente, se encontró a Miller quien hizo grandes cosas por él, pero le hizo creer que era posible reconstruir un sistema lacaniano (de donde tenemos: ‘aquí los grafos’, ‘nunca hubo contradicción en Lacan’, ‘todo trabaja en conjunto’, etc)…

Philippe Lacoue-Labarthe y Jean-Luc Nancy, ambos colegas de Derrida, hicieron bien en denunciar la idea de que en Lacan se podría sistematizar una antifilosofía. Por mi parte, la lectura de Lacan propuesta por Miller es la contraria a la mía: Lacan me interesa precisamente porque me parece obvio que está lleno de contradicciones. Me interesa esto y no el sistema. Lo que me gusta de Lacan es lo que a la vez critico. Por ejemplo, dice: ‘Hegel sostiene esto y lo otro’ y, sin embargo, no es un especialista en Hegel: lo ha leído un poco, ha asistido al seminario de Alexandre Kojève y ha recibido ayuda de Jean Hyppolite, pero no es un verdadero hegeliano que compare los distintos manuscritos del filósofo. En este sentido, Lacan es kojeviano, pues a pesar de ser un buen hegeliano, Kojève también era muy descuidado en su tratamiento de Hegel. Como Kojève, Lacan produce efectos; Derrida no se propone en primer lugar producir efectos, su formación es más tradicional y académica, basada en la tradición francesa de la lectura atenta.


El retorno del diván

Es un grave problema que la transmisión de Lacan en Estados Unidos haya implicado la exclusión de la idea de la terapia. Una colega mía, investigadora de Lacan a quien aprecio como autora, dice a sus alumnos que no le interesa nada que tenga que ver con el diván (‘ya pasó de moda’, ‘a quién le gustaría perder el tiempo haciendo eso’, ‘además, cuesta dinero...’). Pero no veo cómo Lacan puede ser tomado en serio sin tomar en cuenta su permanente retorno al psicoanálisis como práctica: puede ser contradictorio como filósofo, pero siempre vuelve al sentido de esa experiencia.

Pienso que la solución sería introducir una gran cantidad de teoría crítica, estudios culturales y filosofía a los contextos lacanianos en vez de decir, como he escuchado con demasiada frecuencia, ‘oh, Lacan, qué gran crítico literario’ cuando de ninguna manera es eso. Tal introducción estaría muy cerca del espíritu de lo que Freud sugiere en sus textos institucionales cuando se refiere al análisis lego y a la pérdida de tiempo que supone obligar a los psicoanalistas a formarse como médicos: el psicoanalista no tiene que saber los nombres de los huesos y los nervios, pero sí debe ser muy culto, debe saber de filosofía, literatura y demás. Está claro, por ejemplo, que Derrida es muy útil en un marco lacaniano.

Sin su dimensión clínica algo esencial se pierde de Lacan y del psicoanálisis. Incluso diría que quienes trabajan en este campo sin tomar en cuenta la dimensión clínica sufren un poco por efecto de su denegación, y que la clínica tiende a retornar. Se les olvida que el atractivo de Lacan entre los estudiantes radica en que no lo ven como un simple crítico literario, sino que hay una dimensión ligada a la experiencia que puede asistirles en la comprensión de su sexualidad y de sus vidas.

Este es el mismo tipo de dificultad experimentada por Derrida en relación con la reiterada incomprensión de algunas de sus tesis: por ejemplo, cuando él se refiere a la muerte no está diciendo que la muerte sea buena, sino que retorna y que es un problema. Este tipo de distorsión es típicamente norteamericana, tomar las cosas no en su sentido llano sino en su sentido religioso: según dicha perspectiva, con Derrida se trataría de fundar una ‘religión de la antipresencia’, lo cual es un disparate.


Alternativas institucionales

Aunque su establecimiento no se debe solamente a él, Derrida trabajó mucho a favor del Colegio Internacional de Filosofía, un nuevo tipo de universidad. A él lo conocí en la Escuela Normal Superior, una institución que ejemplifica la manera que los franceses han encontrado de fanquear los problemas crónicos de las universidades. En Francia están las universidades masivas, pero cuando se quiere generar investigación de calidad se inventan nuevas instituciones: esto produce un extraño ámbito remendado donde las viejas instituciones conviven con las nuevas. El proyecto del Colegio Internacional de Filosofía es una idea extraordinaria, pero no sé si sea perfecto: cuesta mucho dinero, los resultados no siempre son visibles y su operación es algo muy complejo; después de un tiempo hay que dar cuenta del proyecto, y no se puede justificarlo diciendo ‘tantos estudiantes extranjeros vienen a nuestros cursos’. En la medida en que hay que tener algo un poco más responsable hacia la cultura institucional del país, quizás sería mejor contar con un sistema universitario unificado.

Sin embargo, hay mucho que decir a favor de los pequeños centros experimentales. He observado en el mundo editorial francés la relación entre las grandes casas editoras y las pequeñas editoriales de vanguardia: hubo una época en que había dos sistemas opuestos, las grandes casas que editaban a los autores consagrados, y las editoriales pequeñas en las que se podía permanecer por siempre. Ahora las grandes casas se han percatado de la importancia que, también para ellas, tienen las editoriales experimentales: han comenzado a comprarlas sin retirar de sus puestos a los editores con la idea de promover una relación interactiva.

Creo que algo así es un buen modelo: tener independencia y contar con puentes para estar en contacto con el sistema normal. De esta manera se pueden resistir los aspectos más vergonzantes de la globalización (la imposición de una uniformidad estilística más o menos carente de contenido) sin por ello dejar de servirse de sus mecanismos tecnológicos: las bibliotecas electrónicas, la publicación instantánea y los diálogos como éste. Como señala Heidegger a propósito de la tecnología, la mayor esperanza se ubica donde está el mayor peligro. Acaso lugares como México (donde aún coexisten todos los extremos) podrán eludir muchos de los obstáculos restantes de la Guerra Fría, y sortear antagonismos insalvablemente arcaicos, como aquel entre las sociedades ‘abiertas’ (regidas por el capitalismo salvaje y la ideología del libre mercado) y las ‘cerradas’. Esto también aplica a las iniciativas culturales, cuyo fundamento institucional debemos repensar hoy desde sus cimientos.

***

Formado por Jacques Lacan, Jacques Derrida y Hélène Cixous, entre otros, Jean-Michel Rabaté abreva en la confluencia de la literatura, la filosofía y el psicoanálisis. Actual Profesor de Letras Inglesas y Literatura Comparada de la Universidad de Pennsylvania, Rabaté no es solamente uno de los grandes lectores de James Joyce: sus contribuciones sobre Ezra Pound, Hermann Broch, Samuel Beckett, Thomas Bernhard y la estética modernista también son fundamentales. Entre sus más de quince volúmenes, destacan: James Joyce: Authorized Reader (Johns Hopkins University Press, 1991), Joyce upon the Void: the Genesis of Doubt (Macmillan, 1991), L'éthique du don: Jacques Derrida et la question du don (coeditado con Michael Wetzel, Métaillié, 1992), The Ghosts of Modernity (University of Florida Press, 1996), Writing the Image after Roland Barthes (University of Pennsylvania Press, 1997), Jacques Lacan in America (The Other Press, 2000), Jacques Lacan: Psychoanalysis and the Subject of Literature (Palgrave, 2001), Joyce and the Politics of Egoism (Cambridge University Press, 2001), The Future of Theory (Oxford University Press, 2002) y el Cambridge Companion to Jacques Lacan (2002).
Fecha: del 01 de enero al 01 de diciembre de 2008

REVISTA ESPIRAL
Texto: Un suceso literario
Coloquio
UN SUCESO LITERARIO
Por Fulgencio Martínez

1
El taxidermista

Mi vocación no ha conocido altibajos. Desde los quince años he lustrado, cuatro horas cada tarde, el lomo de los libros que de la biblioteca pública, donde hoy trabajo, llevaba a casa. La ansiedad que otros padecen (o disfrutan) en su juventud por cambiar el mundo, cedía su lugar en mí a la idea fija de conservar en buen estado los volúmenes que amaba. No reconozco, en mis años luego, un placer más gozoso. Un disfrute que, sin embargo, ha llegado a arruinar mi salud y a merecer, de los que me conocen, el desdeñoso calificativo de manía.
A algunos de los que así juzgan, está dedicada esta breve relación de mi carácter y espero que les arroje una luz sobre los extraños hechos que me adjudican los periódicos.
Hubo días (hoy ya tan lejanos) en que a algunos de ésos, a los de más confianza, casi llegué a convencer. Discutía yo el atractivo que ellos a la sazón me señalaran, la oportunidad de una excursión no sé adónde… el móvil de una pasión cualquiera que al menos por una horas o toda la vida nos tensara, nos sostuviera alejados del aburrimiento. Eran años –es obvio decirlo- en los que leíamos, más que vivir. Los hermanos mayores abocados a la política e instalados pronto en el orden los veíamos como reinotas ya, pero aún no con el punto de cinismo que luego los volvería más interesantes. Los horizontes domésticos, profesionales o sexuales nos parecían al uso; algo trivial; una vida de menesterosos que –sabíamos- tarde o temprano nos alcanzaría y alargábamos ese momento para claudicar lo más tarde posible. En broma, que no dejaba ser una suave excomunión entre nosotros, le señalábamos al amigo desertor los párrafos de la correspondencia de Flaubert en que el escritor, en situaciones parecidas, disparaba ironía hacia el amigo casado o integrado al orden.
Éramos una pandilla de fracasados antes de haber recibido el más mínimo revés y, en suma, mucho antes de proponernos nada.
Así las cosas, no desaprovechaba ocasión para convencerles de que sólo se podía hacer soportable la vida entregándose uno a una pasión. El problema era cuál. Claro que rápidamente se nos ocurrían tres o cuatro pero ahí estábamos todos pronto con la espada desnuda para darle tajos en el aire. Maestro era yo en esas migajas. Resultado de mis diatribas contra esas ingeniosas, hipotéticas pasiones vitales me apodaron, entonces, el taxidermista; algún osado condiscípulo en la secta del spleen de Baudelaire. El mismo que una tarde llegó a mi casa con dos copas quizá y arrojó (sobre la mesa en donde yo reparaba, encuadernaba, recubría de oro los viejos libros que un empleado de la Diputación encontró apilados en su sótano durante la inspección de la ventilación) un ave muerta; una paloma.
- Hay que comenzar por vaciarla por completo, dejando sólo el pellejo con el plumaje y los dos huesos de las patas, y retirando los ojos… que luego volverás a colocarlos una vez que hayas rellenado la cabeza.
Me decía esto mirándome fijamente, con un extraño tic en los labios que yo achaqué al eructo del whisky.

- Te has comportado como Diógenes el cínico arrojando en medio del discurso del sofista célebre una pata de gallo.

Este punto de humor, esta treta de complicidad no le convenció a mi amigo. Que seguía extáticamente parado ante mis libros y en la actitud del que acaba de presentar la dimisión en un club.

Días después supe, por otros, que había intentado suicidarse. Afortunadamente en aquellos años los suicidios no estaban de moda y la actitud de ese amigo ni siquiera mereció un comentario en nuestro grupo. Como si hubiera tenido un resfriado, al volver a nuestras reuniones le preguntamos cómo le iban las cosas, el catarro de vivir es crónico para algunos por mucho que intenten poner eficaces remedios, y otras perlas de ironía de esa guisa.
Mis deseos, sinceramente, de agradar a mis amigos me animaban para convencerles de la amplitud de mi vocación de conservador de libros. Alguno, por independencia (rebeldía que hacía más vergonzosa la imitación), trató durante una temporada de ganarse fama de experto restaurador de cuadros, de muebles, operario de relojes antiguos, de todo tipo de máquinas antiguas, de motos que olían al polvo craso de los trasteros; algún otro, incluso, siempre de modo oblicuo refiriéndose a la vanidad de mi tema o manía, cambió de talante ideológico y se mostró conservador en política o en moral.
Ahora comprendo el sutil juego. La formidable y macabra ironía que, con aquellos homenajes más o menos directos a mi vocación, me dirigían todos ellos. Quizá me temieran en el fondo, o quizá me tomasen por loco contagioso; en cualquier caso mis opiniones les deslumbraban, mi coherencia y mi ironía implacable les paralizaba cuando pretendían, raras veces, mostrarse abiertamente a la contraria de mi obsesión.
Llego a estas líneas con una duda insondable sobre mí y sobre mi capacidad justa de juzgarlos, y entiendo que no debo ocuparme más de ellos, aunque, sí, ellos fueron –lo intuyo- el móvil inconsciente de las acciones mías que a continuación voy a relatar.
Pasó aquella década y llegué a esa edad en que llega la primera crisis y, con ella, los primeros remordimientos de juventud.
Me había independizado hacía ya varios años y comenzado a trabajar en esta sala de la biblioteca. En mi tarjeta, cómo no Giacomo Casanova, misántropo y bibliotecario del Ayuntamiento de… Apenas había, hasta entonces, salido del pueblo y no prestaba más que un benevolente, contemporizador entusiasmo ante las descripciones de los viajes de mis amigos, los pocos amigos que aún conservaba. ¿Para cuándo pues esa excursión que teníamos pendiente… hace diez años? No podía remediar, en medio de mi sincera simpatía, el endosar ese aguijón a su olvidada momentáneamente complicidad, sino recordarles que se dirigían a mí, no a otro. Como explicarle a un mahometano la excelencia de un festín de cerdo. Esa inconsciente, estúpida manía de que todos compartan nuestras evasiones. Ni siquiera se cortaban de contarme los detalles, mínimos, absurdos – París, tal restaurante, tal museo, tal anécdota en el barrio Latino – de sus viajes. Los había que me enseñaban fotos y fotos, álbumes enteros; algunas, muchas de las personas retratadas ni siquiera yo conocía, novias o amigas esa temporada, compañeras de viaje que repetían las mismas poses y sonrisas sin interés en las instantáneas.
A veces (temo ahora pensarlo) era más importante que el viaje, para ellos, el contármelo y mostrarme sus fotos que yo archivaba en la memoria con el rótulo el jardín del deseo. Esa expresión, salida en alguna ocasión de mí, llegó a gustar, o molestar, no sé, a alguno, por lo que se hizo en adelante común preguntarme, después de un viaje, si ya había visto su jardín del deseo cuando era evidente que ya me lo había enseñado mi informador. Un día de éstos, recuérdamelo, te enseñaré las fotos que nos hicimos en Méjico el año pasado Juan y yo. Ahora hablaba mi compañera en la biblioteca, que nada sabía de mí ni de mis relaciones con los amigos, y a cuyo marido, por cierto, el tal Juan, apenas conocía teniéndolo como poco simpático.
Con esas primeras crisis y tales engorrosas situaciones me volví una temporada dubitativo de mí mismo. Pero pronto –casi siempre al pasar el invierno renovaba mi energía espiritual. Volví a ser el mismo convencido. Y más aún me volqué en los ejemplares más raros de mi colección, las joyas de mi corona de restaurador, hice encuadernaciones incluso para colegas de la Biblioteca Nacional que me contactaron a través de un boletín de la asociación a la que por supuesto me adscribí. En cierto modo comencé a compartir entonces de verdad mi vocación.
Un poeta local, de nombre Andrés Acedo, me solicitó información un día sobre un libro que no hallaba mi compañera. Curiosamente ese libro, de aquéllos de la Diputación, lo tenía yo desde años en casa, su restauración era muy lenta y penosa, pero no sé por qué caprichosos motivos me empeñé en restaurarlo íntegramente.
Satisfice al poeta y le hice anotar, al entregarme su ficha, que mañana tendría a las nueve en punto su libro. Era un volumen de Erasmo, el Elogio de la locura, impreso por la Diputación de la provincia, en reproducción facsímil de un raro ejemplar del siglo XVII que existía en el Archivo del Obispado y del cual habían sido arrancadas casi todas las hojas: en su tiempo, libro superincluido en el Índice; los propios lectores lo habían ido arrancando de allí hoja a hoja y se lo habían llevado a su casa.
Me entregué con pasión. La cena me la salté. Esa tarde noche no fui a los sitios donde solía. Y me entregué a la pasión de escribir las hojas que faltaban en el libro. Ahora –estoy seguro que a vosotros os parecerá absurdo; a mí, también. Tenía en mi casa una edición de bolsillo del humanista y podía haber copiado su texto… pero no sé qué juego o empeño de desdoblamiento me llevó a sentirme como un médium inspirado directamente por Erasmo. Ahora él ya no podía decir lo mismo. Si aquel libro, que tanta censura le había acarreado, había sido absorbido: ahora, para devolver su originalidad prístina al mensaje, había de ser nuevamente un texto intolerable, no correcto, disolvente o incitador.
Me daba cuenta de que ésa era otra dimensión de mi conservación.
Y a la mañana siguiente volví al trabajo con el libro, que puse en las manos del poeta. Tiene usted quince días para leerlo, don Andrés. Vaya favor que me ha hecho usted, se despidió el poeta. Llevándose su amable y un tanto excesivamente cortés silencio.

Transcurridos unos días volvió el poeta y se dirigió directamente a mí para pedirme otro libro; esta vez lo tenía en el estante público. Pero me excusé diciendo que también mañana lo tendría en sus manos. Era una novela de Radiguet, El diablo en el cuerpo.
Las Poesías del conde de Villamediana, Reflexiones sobre Norteamérica, de Miguel Espinosa; Azul de Rubén Darío, El casamiento engañoso y coloquio de los perros, novela ejemplar de Cervantes; el Teatro de Espronceda, los Diálogos de Platón; El último preso, novela olvidable, finalista de un famoso premio; La feria de las vanidades, de Thackeray, todo Baroja, el Diario íntimo de Unamuno… Durante semanas con el pretexto de reencuadernarlos y en un rapto de trabajo reescribí tales libros, poniéndolos a la mañana correspondiente en las manos de sus peticionarios.


El poeta apareció de nuevo y me pidió Comunicación con los Mundos de Eric. Me dijo que no conocía de qué trataba el libro, le sonaba a una biografía secreta del músico Eric Satie. Le dije lo mismo y volví al día siguiente con su ejemplar.
Otra vez me pidió Tres días para resucitar –el título promete, me dijo; siempre embutido en su gabardina, con el cuello casposo, levantado. Volví a prestárselo.
En un año había yo encontrado la piedra filosofal de mi vocación y mis amigos no volvieron a saber durante tiempo de mí. Creía que te habías metido a monje en su garita, me crucé con uno una vez por la calle, mientras llevaba yo en mis manos a la biblioteca, dos nuevos libros para Acedo: Los relojes sinestésicos, y La duda ofende, nueve tesis para exponerse a los teólogos o Cómo disfrutar mintiendo.
La prensa, cierto corresponsal local, ha publicado un disparatado relato sobre la locura de un bibliotecario reformador de libros y ha salido mi foto y mi nombre en todo el país. Hasta a países del extranjero ha viajado la noticia. La opinión de unos me tilda de nuevo dadaísta; otros de gamberro o de maníaco peligroso; un sindicato de autores ha pedido la suspensión de mi empleo y funciones a la administración municipal. Lo peor de todo ha sido ver, hace pocos días, a mis amigos en la biblioteca, pidiéndome un cuento de Borges. No han entendido nada.
30 de abril de 1999


2
Entrevista al autor de La lluvia bajo los rascacielos
por Justo Pérez Tébano

Mañana del 11 de junio

En la de ayer ha abandonado nuestra localidad Augusto López Mena, el famoso escritor, excelente charlista y amigo ya de nuestro pueblo, como ha demostrado en las cuarenta y ocho horas que permaneció entre nosotros. Llegó para dar una conferencia sobre “La construcción de la novela” y ha sabido ganarse la simpatía y el cariño de cuantos lo hemos conocido.
Los lectores de este periódico, en ciudades más cultas de la provincia, quizá se extrañen del eco y suceso creados con el paso del autor de La lluvia…por nuestro pueblo. Fuera porque su rostro y fama le precedían en la pequeña pantalla; fuera por el escándalo aún no apagado de nuestro bibliotecario reformador de libros, su conferencia era esperada como un acontecimiento.
(Sobre el citado escándalo, he de informar que ha encendido en nuestra tranquila comunidad la polémica literaria; y que el asunto sigue suscitando, hacia la persona del bibliotecario, una avalancha de opiniones rivales, filias y fobias, según; según la simpatía o la inquina hacia quien primero alza una opinión manifiesta sobre el tema. No importando mucho a todos el fondo de la cuestión, “filios y fobios”, cito a nuestro poeta local, “han aprovechado para arrojarse sus pacíficas opiniones a la cabeza. No estoy de acuerdo porque está de acuerdo ése, y estoy de acuerdo porque opino lo contrario de aquél”. El alcalde ha tenido por lo más sensato echar un bando, para aleccionar a los hijos a no discutir con sus padres sobre asunto tan baladí”.
En ese clima predispuesto a la faena gloriosa o al almohadillazo, el escritor comenzaba su conferencia. Tenía delante un público crispado por la marcha inestable de la literatura. Informo, ya, que la conferencia de anteayer de Augusto López Mena en el instituto femenino culminó con aplausos, todo un éxito que ha desbordado la pizarra y la mesa del aula de actos, para salir a la calle y ser comentario populi. A la mañana siguiente (por ayer), los profesores pedían a sus alumnas de COU, muchachas de talle alto y ojos que dan fiebre al mirarlos, que, ante los exámenes de final de curso, se esforzaran “para ser el día de mañana hombres de provecho, como ese gran escritor que habéis tenido sentado frente a vuestras bancas”.
Don Augusto ha triunfado en la cena de honor que una de nuestras familias ilustres le ha ofrecido en el salón de su casa. Ha merecido las mejores vendimias; las botellas de vino que nuestros patricios guardaban para celebrar el día en que hubieran cumplido con la Patria sus hijos varones. Antes del ágape, el escritor fue llevado a la capilla de nuestra colegiata, donde cortó la cinta para inaugurar el altar nuevo a su Cuerpo Glorioso, y ha alabado los frescos remozados en sus paredes con gran conocimiento de las pinturas de nuestros primitivos.
Escribes de puta madre, le han saludo algunos jovenzanos vestidos de punk, que suelen reunirse debajo de los soportales de la colegiata para tocarse la pirindola todas las tardes, ejerciendo una leve mendicidad y bebiendo unas latas, y le han pedido tres autógrafos y trescientas pesetas. Luego, antes de irse, por la mañana, ha estado con nuestros mayores en una partida de bolos, que jugado con el favor de las jóvenes, aplausos del público en general y autoridades, elegancia y puntería.


El escritor espera ya su tren. En la cantina de la estación comienzo la entrevista, teniendo a mi lado, para las cuestiones técnicas, las notas que he recogido de su conferencia “La construcción de una novela”.
P.- ¿Qué impresión se lleva en su equipaje?
R.- He tenido grandes muestras de afecto y me marcho habiéndome encariñado en un tiempo récord con todos vosotros; espero que haya una segunda vez.
P.- ¿Ha padecido algún problema con la sequía pertinaz que azota este pueblo?
R.- ¿Quiere usted decir si he podido ducharme esta mañana? ¡No!
P.- Sí.
R.- No ponga eso, por favor.
P.- ¿Cuáles son los remedios que usted propone a nuestros símbolos patrios?
R.- No entiendo su pregunta. Déjeme que endulce el café.
P.- Las iniciativas que algunos ensayos están ya extendiendo, de hacer responsables de la suciedad de los ríos a los subsecretarios de las Diputaciones provinciales; que los secretarios y los…
R.- Ya imagino.
P.- …los notarios en cada Ayuntamiento den fe, en sus autos públicos, brindando con un vaso de agua de la localidad.
R.- Un vaso de agua cristalina, amigo mío, levantado hacia el público por un brazo honrado es el mejor brindis entre los hombres de corazón.
P.- Perdone, usted, don Augusto, que por familiaridad que ha tenido con nosotros, yo me permitiera trasladarle estas cuestiones técnicas locales que seguro, sin embargo, interesan a la opinión de sus lectores, y de muchos de nuestros vecinos, hacia lo que usted ha dedicado su cordial trato…
R.- No hay que de qué. ¿A qué hora dijo que salía mi tren?
P.- En consonancia con su conferencia, ¿qué opinión le merece la actitud de nuestro bibliotecario, del que ya usted tendrá noticia, Pedro Martínez Tébano? (Le juro que ese individuo no es familia mía).
R.- Me han llegado también noticias de divisiones de opinión sobre ese asunto. Como escritor, que mis libros mueran por olvido del tiempo es lo único que no me preocupa. Cuando uno entra en este oficio ha de tener las ideas muy claras: o uno escribir para hacer literatura rascándose los huesos hasta después que ha expresado toda la carne de su talento, y entonces lo secundario es el éxito, la fama, el cine, la televisión, la prensa y el aplauso efímero de esta generación; o uno se dedica a algo parecido a la literatura, muy respetable, esto es lo que yo hago, Tébano.
P.- Confiesa usted que no es un literato, el gran autor de La lluvia, que nos ha dejado los mejores consejos para construir y leer una…
R.- No tome usted tanta nota tan de prisa. Se lo puedo repetir. ¿El tren sale a la hora que me ha dicho, no? Cuando yo empecé a escribí lo hacía siempre con bolígrafo, como usted, y luego me costaba mucho trabajo entenderme. Ahora siempre llevo esta grabadora. Ya está, amigo Tébano.
(El escritor me hizo oír muchas de sus ideas, reflexiones que los lectores, si son curiosos, conocerán en el libro que la Diputación va a publicar en homenaje al gran hombre y al gran escritor).


Augusto López Mena anda ya camino de Madrid, y creemos que viaja con una buena impresión de nuestro talento para la hospitalidad.

Fulgencio Martínez (Murcia, España, 1960).- Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid. Profesor de Filosofía. Ha publicado 5 libros de poesía: Trisagio, La docta ignorancia, Libro del esplendor, Nueve para Alfeo, y Cosas que quedaron en la sombra (Premio al Libro Murciano del Año en Poesía 2007) Dirige la revista literaria Ágora.
Fecha: del 01 de enero al 01 de diciembre de 2008

REVISTA ESPIRAL
Texto: Modernidad líquida y fragilidad humana; de Zygmunt Bauman a Peter Sloterdijk
Coloquio
MODERNIDAD LÍQUIDA Y FRAGILIDAD HUMANA; DE ZYGMUNT BAUMAN A SLOTERDIJK
Por Dr. Adolfo Vásquez Rocca

En Modernidad Líquida Zygmunt Bauman explora cuáles son los atributos de la sociedad capitalista que han permanecido en el tiempo y cuáles las características que han cambiado. El autor busca remarcar los trazos que eran levemente visibles en las etapas tempranas de la acumulación pero que se vuelven centrales en la fase tardía de la modernidad. Una de esas características es el individualismo que marca nuestras relaciones y las torna precarias, transitorias y volátiles. La modernidad líquida es una figura del cambio y de la transitoriedad: “los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen. Como la desregulación, la flexibilización o la liberalización de los mercados”.
Bauman no ofrece teorías o sistemas definitivos, se limita a describir nuestras contradicciones, las tensiones no sólo sociales sino también existenciales que se generan cuando los humanos nos relacionamos.
La caracterización de la modernidad como un “tiempo líquido” –la expresión, acuñada por Zygmunt Bauman – da cuenta del tránsito de una modernidad “sólida” –estable, repetitiva– a una “líquida” –flexible, voluble– en la que los modelos y estructuras sociales ya no perduran lo suficiente como para enraizarse y gobernar las costumbres de los ciudadanos y en el que, sin darnos cuenta, hemos ido sufriendo transformaciones y pérdidas como el de la duración del mundo, vivimos bajo el imperio de la caducidad y la seducción en el que el verdadero Estado es el dinero. Donde se renuncia a la memoria como condición de un tiempo post histórico. La modernidad líquida esta dominada por una inestabilidad asociada a la desaparición de los referentes a los que anclar nuestras certezas.
2.- Fragilidad de los vínculos humanos

La incertidumbre en que vivimos se corresponde a transformaciones como el debilitamiento de los sistemas de seguridad que protegían al individuo y la renuncia a la planificación de largo plazo: el olvido y el desarraigo afectivo se presentan como condición del éxito. Esta nueva (in)sensibilidad exige a los individuos flexibilidad, fragmentación y compartimentación de intereses y afectos, se debe estar siempre bien dispuesto a cambiar de tácticas, a abandonar compromisos y lealtades. Bauman se refiere al miedo a establecer relaciones duraderas y a la fragilidad de los lazos solidarios que parecen depender solamente de los beneficios que generan. Bauman se empeña en mostrar cómo la esfera comercial lo impregna todo, que las relaciones se miden en términos de costo y beneficio –de ”liquidez” en el estricto sentido financiero.
3.- Superfluidad y desvinculación
Bauman se vale de conceptos tan provocadores como el de “desechos humanos” para referirse a los desempleados (parados), que hoy son considerados “gente superflua, excluida, fuera de juego”. Hace medio siglo los desempleados formaban parte de una reserva del trabajo activo que aguardaba en la retaguardia del mundo laboral una oportunidad. Ahora, en cambio, “se habla de excedentes, lo que significa que la gente es superflua, innecesaria, porque cuantos menos trabajadores haya, mejor funciona la economía”. Para la economía sería mejor si los desempleados desaparecieran. Es el Estado del desperdicio, el pacto con el diablo: la decadencia física, la muerte es una certidumbre que azota. Es mejor desvincularse rápido, los sentimientos pueden crear dependencia. Hay que cultivar el arte de truncar las relaciones, de desconectarse, de anticipar la decrepitud, saber cancelar los contratos a tiempo.
4.- Decrepitud; estados transitorios y volátiles
El amor, y también el cuerpo, decaen. El cuerpo no es una entelequia metafísica de nietzscheanos y fenomenólogos. No es la carne de los penitentes ni el objeto de la hipocondría dietética. Es el jazz, el rock, el sudor de las masas. Contra las artes del cuerpo, los custodios de la vida sana hacen del objeto la prueba del delito. La “mercancía”, el objeto malo de Mélanie Klein aplicado a la economía política, es la extensión del cuerpo excesivo. Los placeres objetables se interpretan como muestra de primitivismo y vulgaridad masificada.

¿Quién soy? Esta pregunta sólo puede responderse hoy de un modo delirante, pero no por el extravío de la gente, sino por la divagación infantil de los grandes intelectuales. Para Bauman la identidad en esta sociedad de consumo se recicla. Es ondulante, espumosa, resbaladiza, acuosa, tanto como su monótona metáfora preferida: la liquidez. No sería mejor hablar de una metáfora de lo gaseoso. Porque lo líquido puede ser más o menos denso, más o menos pesado, pero desde luego no es evanescente. Sería preferible pensar que somos más bien densos – como la imagen de la Espuma que propone Sloterdijk para cerrar su trilogía Esferas, allí con la implosión de las esferas– se intenta dar cuenta del carácter multifocal de la vida moderna, de los movimientos de expansión de los sujetos que se trasladan y aglomeran hasta formar espumas donde se establecen complejas y frágiles interrelaciones, carentes de centro y en constante movilidad expansiva o decreciente .
La imagen de la espuma es funcional para describir el actual estado de cosas, marcado por el pluralismo de las invenciones del mundo, por la multiplicidad de micro-relatos que interactúan de modo agitado, así como para formular una interpretación antropológico-filosófica del individualismo moderno. Con ello Espumas responde a la pregunta de cuál es la naturaleza del vínculo que reúne a los individuos, formando lo que la tradición sociológica llama “sociedad”, el espacio interrelacional del mundo contemporáneo.
Sloterdijk, como en su momento lo hiciera Bauman [en una empresa de menor aliento que Esferas], quiere describir con su metafórica de la Espuma un agregado de múltiples celdillas, frágiles, desiguales, aisladas, permeables, pero sin efectiva comunicación. La esfera deja así de ser la imagen morfológica del mundo poliesférico que habitamos para dar paso a la espuma. Fragilidad, ausencia de centro y movilidad expansiva o decreciente son las características esta nueva estructura que mantiene una “estabilidad por liquidez”, divisa posmoderna que refleja la íntima conformación de la espuma.
5.- Desterritorialización
Lo “líquido” de la modernidad – volviendo a la concepción de Bauman– se refiere a la conclusión de una etapa de “incrustación” de los individuos en estructuras “sólidas”, como el régimen de producción industrial o las instituciones democráticas, que tenían una fuerte raigambre territorial. Ahora, “el secreto del éxito reside (…) en evitar convertir en habitual todo asiento particular”. La apropiación del territorio ha pasado de ser un recurso a ser un lastre, debido a sus efectos adversos sobre los dominadores: su inmovilización, al ligarlos a las inacabables y engorrosas responsabilidades que inevitablemente entraña la administración de un territorio.

6.- Adicción a la seguridad y miedo al miedo.
Nuestras ciudades, afirma Bauman, son metrópolis del miedo, lo cual no deja de ser una paradoja, dado que los núcleos urbanos se construyeron rodeados de murallas y fosos para protegerse de los peligros que venían del exterior. Lo que Sloterdijk llamó “la ciudad amurallada” hoy ya no es un refugio, sino la fuente esencial de los peligros.
Nos hemos convertidos en ciudadanos “adictos a la seguridad pero siempre inseguros de ella” , lo aceptamos como si fuera lógico, o al menos inevitable, hasta tal punto que, en opinión de Zygmunt Bauman, contribuimos a “normalizar el estado de emergencia”.
El miedo es más temible cuando es difuso, disperso, poco claro; cuando flota libre, sin vínculos, sin anclas, sin hogar ni causa nítidos; cuando nos ronda sin ton ni son; cuando la amenaza que deberíamos temer puede ser entrevista en todas partes, pero resulta imposible situarla en un lugar concreto. "Miedo" es el nombre que damos a nuestra incertidumbre: a nuestra ignorancia con respecto a la amenaza y a lo que no se puede hacer para detenerla o para combatirla .
Los temores son muchos y variados, reales e imaginarios… un ataque terrorista, las plagas, la violencia, el desempleo, terremotos, el hambre, enfermedades, accidentes, el otro… Gentes de muy diferentes clases sociales, sexo y edades, se sienten atrapados por sus miedos, personales, individuales e intransferibles, pero también existen otros globales que nos afectan a todos, como el miedo al miedo…
Los miedos nos golpean uno a uno en una sucesión constante aunque azarosa, ellos desafían nuestros esfuerzos (si es que en realidad hacemos esos esfuerzos) de engarzarlos y seguirles la pista hasta encontrar sus raíces comunes, que es en realidad la única manera de combatirlos cuando se vuelven irracionales. El miedo ha hecho que el humor del planeta haya cambiado de manera casi subterránea.
7.- Mundo globalizado y policéntrico.
El dominio económico y militar europeo no tuvo rival los cinco últimos siglos, de manera que Europa actuaba como punto de referencia y se permitía premiar o condenar las demás formas de vida humana pasadas y presentes, como una suerte de corte suprema. Bastaba con ser europeo para sentirse dueño del mundo, pero eso ya no ocurrirá más: pueblos que hace sólo medio siglo se postraban ante Europa muestran una nueva sensación de seguridad y autoestima, así como un crecimiento vertiginoso de la conciencia de su propio valor y una creciente ambición para obtener y conservar un puesto destacado en este nuevo mundo multicultural, globalizado y policéntrico.
Sociólogos especializados en movimientos migratorios y demógrafos prevén que el número de musulmanes que vive en Europa puede duplicarse nuevamente para el año 2015. La Oficina de Análisis Europeos del Departamento de Estado de Estados Unidos calcula que el 20% de Europa será musulmana en el año 2050 , mientras otros predicen que un cuarto de la población de Francia podría ser musulmana en el año 2025 y que si la tendencia continúa, los musulmanes superarán en número a los no musulmanes en toda Europa occidental a mediados de este siglo, puestas así las cosas, Europa será islámica a finales de este siglo.
A este respecto y volviendo sobre los miedos globales, pensemos en la inestabilidad generada por los atentados de Nueva York, allí sin duda tuvo lugar una mutación del terrorismo, el 11 de septiembre de 2001 marca un cambio de época en la historia del miedo; así el régimen del sabotaje y la lógica del pánico vino a ser el argumento central de la política y la base de justificación de una política exterior norteamericana que sembraría otros miedos que nos marcarían a fuego, como los atentados de Atocha –el 11-M.
8.- El régimen del sabotaje y la lógica del pánico como argumento central de la política en Sloterdijk.
Como crónica de las relaciones entre teoría y política de Estado, cabe apuntar que cuando Sloterdijk fue convocado por el canciller Schröder para debatir sobre las consecuencias del nuevo escenario mundial en la era del atmo-terrorismo y las guerras de rehenes -Sloterdijk se refirió al binomio miedo y seguridad, en relación con la política exterior estadounidense, que suele presentar Washington bajo la rúbrica “intereses de seguridad”. Destacó el filósofo cómo “vivimos en una sociedad obsesionada por la seguridad”, por las pólizas y las políticas de climatización corriendo el riesgo de perder nuestra libertad. Se refirió también al miedo como un elemento clave para el desarrollo del intelecto. “El miedo -señalo Sloterdijk - está al comienzo del intelecto, el miedo de alguna manera hizo al hombre”.
La amenaza fundamentalista, que parecía una amenaza periférica, se ha desplazado hacia el centro, rumbo a una hegemonía que a los ojos de muchos resulta pavorosa. Hoy un grupo, monitoreando artefactos desde las montañas más remotas y más miserables del mundo, es capaz de hacer estallar el icono más importante del poderío económico global, como son las Torres Gemelas.
Frente a esto las reacciones neoliberales contra el terror son siempre inadecuadas, puesto que magnifican el fantasma insustancial de Al Qaeda, ese conglomerado de odio, desempleo y citas del Corán, hasta convertirlo en un totalitarismo con rasgos propios, y algunos, incluso, creen ver en él un “fascismo islámico” que, no se sabe con qué medios imaginarios, amenaza a la totalidad del mundo libre. Dejaremos abierta la pregunta por los motivos que han conducido a aquella infravaloración y a esta magnificación. Sólo esto es seguro: los realistas se hallan de nuevo en su elemento; por fin pueden ponerse, una vez más, al frente de los irresolutos, con los ojos clavados en el fantasma del enemigo fuerte, medida antigua y nueva de lo real. Con el pretexto de la seguridad, los voceros de la nueva militancia dan rienda suelta a tendencias autoritarias cuyo origen hay que buscar en otro sitio; la angustia colectiva, cuidadosamente mantenida, hace que la gran mayoría de los mimados consumidores de seguridad de Occidente se sume a la comedia de lo inevitable.

Dr. Adolfo Vásquez Rocca. Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización: Antropología y Estética
Fecha: del 01 de enero al 01 de diciembre de 2008

REVISTA REPLICANTE
Texto: Retratos, instituciones y convencionalismos
Retratos, instituciones y convencionalismos
Por Héctor Villarreal

Identidad oficial
Convencionalmente, no hay otra forma más sencilla y válida de comprobar que uno es quien dice ser que con una tarjeta expedida por una oficina gubernamental, la cual asegura la correspondencia entre el nombre y el retrato fotográfico, no obstante lo pésimo y poco parecido que a veces puede resultar.

Matrimonio legítimo
El acto fundacional de un hogar y una familia nuclear, decente, como dios manda, queda permanentemente manifiesto en la fotografía de la boda religiosa, que, exhibida en un sitio de la casa donde sea fácilmente visible, reitera permanentemente a sus miembros y demuestra a todo visitante el cumplimiento de las reglas convencionales para su legitimación. La diferencia ante la sociedad entre esposa y concubina, así como entre hijos legítimos y bastardos, como hasta hace no muchos años diferenciaba la ley, está marcada, entre otras cosas, por una fotografía.

Respetabilidad laboral
El retrato de la familia en el escritorio de la oficina o en los muros del despacho comunica que su exhibidor es un sujeto equilibrado en el cumplimiento de sus metas, pleno, realizado, triunfador o en camino de serlo. Por lo tanto, alguien responsable y competente en su trabajo en tanto proveedor de un hogar. La foto nos muestra cónyuges que se comunican, que conviven con niños sonrientes y juguetones; armonía plena, familia de la que no cabría pensarla en episodios de violencia, disfunción o quebrantamiento (nadie exhibiría fotografías de esos momentos, que tal vez sean más frecuentes). Representa genuinamente la presencia de los seres queridos, así como la idealización de que esos instantes fuesen perennes. Pero hay otra posible y simultánea lectura: la santificación del espacio de trabajo para salvaguardarlo de cualquier sospecha de adulterio o acoso.

Afectividad portátil
¿De qué viene la costumbre de algunos choferes de colgar el zapatito de su hijo cerca de su asiento? Tiene que ver con la satisfacción de haberle comprado su primer par con el esfuerzo de su trabajo y poder seguir haciéndolo. Tal vez también tiene relación con recrear el gusto por el recuerdo de sus primeros pasos. Posiblemente de compensar un poco que se extraña a la familia en largas jornadas de ausencia del hogar. De esto a los retratos de familiares, parejas y mascotas en las carteras y, recientemente, en los teléfonos móviles, que con frecuencia se muestran a amigos o conocidos, no hay mucha distancia.

El fetiche en vez de la memoria
Un viaje, la asistencia a un concierto, la visita a un lugar especial, conocer o encontrarse a equis “personalidad” (o persona), son vivencias que parecen carecer de sentido sin su fotografía o videograbación. Como si sólo hubiese existido lo que puede ser exhibido —cada vez más en Internet—, como si no tuviese valor la experiencia de lo que no sea visualmente comunicable, el momento climático es el de la obtención del retrato, lo demás es complementario o en función a ello. En una boda puede faltar el pastel, los padrinos e incluso la voluntad de los contrayentes. Todo, menos las fotografías o el video. Asimismo, el gusto masivo por un cantante o una banda ya no se miden por los aplausos o autógrafos solicitados, sino por la cantidad de cámaras en pos de su imagen.

Expresión de clase
Los retratos de recreo son signos del estatus social. Los pobres, dependiendo su lugar de residencia, exponen las fotografías de su visita a una playa nacional, al pueblo de origen o a la capital; los clasemedieros, las que hacen constar su viaje a París, con ellos delante de la Torre Eiffel, o con Mickey en Disneylandia, y los ricos se muestran en los lugares más exóticos, en algún santuario en Tailandia o India, o navegando en un río de Alaska, por esbozar algunos estereotipos.

Iconografía del poder
Impostada, grandilocuente y pomposa, así tiene que ser la fotografía del retrato del líder, sea su dominación carismática, tradicional o legal. Como los burgueses, lo primero que hicieron los revolucionarios en el poder fue ordenar que les hicieran retratos a ellos y a sus próceres, reproducirlos industrialmente e imponerlos por todos lados, como si su potestad fuera proporcional a la cantidad de retratos exhibidos públicamente. Luego, se institucionalizó la fotografía “oficial” del gobernante como parte de la normalidad de la política, y la censura franca o velada de las fotografías que en la prensa no favorecieran su imagen. La pertenencia a un grupo político implica siempre la exhibición del retrato del líder como objeto mágico. El primer signo del declive de éste es el reemplazo de su iconografía por la del sucesor.

Propaganda como propagación de rostros
La democracia no erradica en la política el culto a la personalidad, lo regula en competencia. En tiempos de campaña electoral las ciudades y carreteras se tapizan de rostros de candidatos con sonrisas impostadas, como si de ello dependieran las votaciones por uno u otro, como si las campañas se tratasen de una competencia de exhibición de imágenes y no de contrastar la exposición de ideas.

El daño simbólico
El maltrato a la fotografía se considera un agravio a la persona retratada, así como es sacrílego el daño a la imagen religiosa. De esto a la creencia vudú de que se puede hacer daño a una persona por medio de la punción a un fetiche no hay tanta distancia. Su expresión más clara se da en la manifestación política callejera, en numerosas ciudades de distintas culturas, en la que tiene como catarsis la quema de la imagen del adversario.

La devoción manifiesta
Los devotos o fanáticos (“fans”) de tal o cual celebridad o estrella de la cultura pop quieren representar su grado de admiración por medio de la cantidad de carteles con el retrato de su ídolo. Es también una manera de inscribirse en una comunidad imaginaria o real, en forma de club, y de fantasear con el famoso una relación interpersonal o interpósita.

El auge del pornopop
El éxito editorial de la década no son los libros de Harry Potter ni los escritos por Dan Brown, sino las revistas para caballero de periodicidad mensual que evitan la publicación de aureola o vulva de las modelos, bajo el discurso de lo artístico y lo “cuidado”, el cual ampara su ingreso a estanterías en las que no tienen cabida sus competidoras milimétricamente más explícitas. A fin de cuentas es un asunto de más o menos dinero que una amplia cantidad de interesados puedan ver a una celebridad en diminutos calzones o sin ellos. El fenómeno se extiende a los semanarios especializados en la fuente de espectáculos.®
dialogo@hectorvillarreal.info

Texto publicado en la edición 15 de Replicante, dedicada a la fotografía.
Fecha: del 01 de enero al 01 de diciembre de 2008
TEORÍA CRÍTICA DE LOS TRÁFICOS
Texto: Tráfico sexual con menores. Una guerra perdida en Internet
Tráfico sexual con menores. Una guerra perdida en Internet

«Es mejor evitar los delitos que castigarlos. He aquí el fin principal de toda buena legislación».
Cesare Beccaria (De los delitos y las penas) 1738-1794

Usted, que lee esto, debe saber que estoy contribuyendo a que se multiplique la pornografía infantil en Internet. Como periodista, una de mis funciones sociales es informar sobre lo que ocurre en el mundo. Y sé que cada vez que informo, cada vez que aporto conocimiento sobre algo, ese asunto se retroalimenta. En el caso de la pornografía infantil en Internet ya está comprobado: cada vez que los medios de comunicación informamos sobre nuevas detenciones relacionadas con ese asunto, las búsquedas en Google y buscadores que le siguen se llenan de tags (etiquetas) como “menores”, “lolitas”, “porno infantil”, “sexo con nenas”, “preteen”. Cada una de estas palabras, es mi culpa –los que fuimos educados en la religión católica incluso podríamos decir mi grandísima culpa-, contribuye a que el fenómeno se reproduzca y se extienda.
Sería un cínico si no reconociera lo anterior: mi intención es informar para prevenir, pero sé que de buenas intenciones está el mundo lleno, y miren cómo nos va. Se hacen guerras para prevenir el terrorismo, una clara buena intención que ha acabado siendo perversa. Lo mismo ocurre con el tráfico de niños en relación con la pornografía infantil: ¿estoy contribuyendo a que ese cáncer social se extienda por hablar de ello? Sí, pero callar sería peor. El silencio es una de las bases de la impunidad a cualquier nivel y es una de las armas de los agresores sexuales de menores.
En 2004 publiqué “Alicia en el lado oscuro. La pedofilia desde la Antigua Grecia hasta la era Internet”. En este ensayo apuntaba–yo no soy profeta ni creo en las profecías- el rumbo que creía iba a tomar el fenómeno de la pornografía infantil en la Red. Me quedé corto: mis peores expectativas se confirman año tras año. La reacción de nuestros sistemas penales es muy similar a la que tuvo, por ejemplo, con las drogas ilegales. Llevamos más de medio siglo de prohibición, de falta de debate y a la vista están los resultados: cada vez es más fácil y barato conseguir casi cualquier droga. Con el porno infantil, con todo el sufrimiento que lleva aparejado detrás de menores y familias desestructuradas, sucede algo similar. Cuando publiqué mi libro, en mi país un consumidor de pornografía infantil no podía ser penado. Era legal. No estoy hablando del siglo pasado: era 2004. Sólo se castigaba la distribución. Eso ahora ha cambiado. Se ha copiado, como casi siempre, lo peor del sistema policial y penitenciario de Estados Unidos. Ahora las fuerzas de seguridad españolas ponen cebos e incitan al delito con herramientas informáticas (sistema Híspalis) y cada tres meses aparecen noticias de redadas masivas de lo que la sociedad conoce como “pederastas” pero que en la mayor parte de los casos son simples voyeurs y usuarios novatos de computadoras. Si echan un vistazo a la prensa española de los últimos años –también a la internacional- serán conscientes de que los pederastas aparecen por doquier. En Inglaterra, a principios de este siglo se “desmanteló” una red de más de 7.000. Imagínense las consecuencias sociales si toda esa gente va a la cárcel, que es lo que se está proponiendo como única solución.
Uno de los parágrafos de mi libro se refiere a “Últimos escondites de los pornógrafos infantiles”. Cuatro años después, los escondites siguen casi igual. “Además de los programas P2P, los consumidores de pornografía infantil montan foros virtuales en comunidades tipo Yahoo o Msn, enormes conglomerados informáticos que dan todo tipo de servicios gratuitos a sus usuarios. Hacer un foro dedicado al intercambio de porno infantil puede llevar apenas una hora: sólo hace falta una conexión y un número de pornógrafos adecuado. Controlarlo es casi imposible. Los creadores pueden ponerle un nombre que pase totalmente inadvertido, del tipo «Frutas verdes» y en su justificación de la creación del foro explicar que son fruteros con variedades tempranas. En una clave que sólo a ellos atañe establecen que las fotos son de peras conferencia (niñas de 12 y mayores), peras tempranillo (6 a 12) y peritas en dulce (menos de 6), mientras que si son homosexuales, la clave podría ser plátanos de Canarias (0 a 6), plátanos latinoamericanos, etcétera. Para permanecer invisibles, intercambian por medio de los programas de mensajería instantánea (Messenger, ICQ...) y, si a eso sumamos una IP variable, es casi imposible detectarlos. Además, con la aparición de teléfonos móviles con cámaras incorporadas y servicios de Internet a través de telefonía inalámbrica, no se descarta que intercambien archivos de fotos primero, y vídeos cuando sea más asequible. En Japón se está produciendo una auténtica explosión de este tipo de pornografía entre adolescentes.”
Todo esto es realidad desde que lo escribí. Pero se ha mejorado la conexión a internet (ahora descargarse un vídeo de 1 gigabyte es casi instantáneo en Japón o Estados Unidos, y bastante rápido en Europa), se han abaratado todavía más los móviles con cámara, que también hacen vídeos de bastante calidad. Se han multiplicado exponencialmente los usuarios de Internet y el idioma inglés, que nos une a todos, permite crear foros de intereses tan especializados que sin internet serían impensables. Pero en 2004 no existía todavía Flickr, el servicio de imágenes de Yahoo, ni YouTube, el más popular canal de vídeos hoy en día. Esos servicios tienen su réplica entre los consumidores de porno infantil: ya se ha detectado un “YouthTube” (youtube para jovencit@s) y en Flickr aparecen cada vez más fotos de menores en actitudes sexuales, tan sólo hay que poner las etiquetas adecuadas y se encuentran.
En Japón, país de referencia en última tecnología y cuna del hentai y del fenómeno “lolicon” se ha popularizado el cibersexo con menores a cambio de regalos. Es una práctica que se detecta ya en otros países desde hace tiempo. En Inglaterra ya se ha detenido a gente por esto y el fenómeno del “grooming” (acoso sexual a menores a través de la red) no para de crecer en todo el mundo. Las detenciones salpican tanto a europeos como a asiáticos y americanos.
De la misma forma que hoy organizamos los viajes y muchas otras facetas de nuestra vida por Internet, los consumidores de pornografía infantil también lo hacen. Pero la pornografía infantil es un producto final de unos hechos: no voy a entrar a discutir si es tan culpable el que lo ve como el que lo hace, porque es un debate inútil. En los años 60 del siglo pasado se discutía si la pornografía de adultos incitaba a la violación: eso mismo están deliberando ahora nuestros legisladores y políticos –recuerden que política y legislación son espacios cada vez más difuminados, Montesquieu está bien enterrado en la mayor parte de democracias occidentales, y en las dictaduras ya ni entramos-. En aquella época sentó cátedra Marshall MacLuhan (el medio es el mensaje) que partía de la idea, esperamos superada, de que “somos lo que vemos”.
Lo que más debería preocupar, pues sin ellos no puede haber producto final, o sea, porno infantil, es que los abusadores de niños también se organizan por Internet. En los inicios de la Red (hablo de 1990-1995, cuando Internet empezó a ser asequible a nivel popular y no un lujo) existía una página, Paranoia.com, que informaba de la edad de consentimiento sexual en cada país del mundo y los tipos de drogas que se podían consumir. Era el germen de una red social, eso que hoy está tan de moda con Facebook, Xing o Tuenti. Pero era una red para organizar viajes de turismo sexual con menores, entre otras cosas. Súmenle hoy el fenómeno de los vuelos de bajo coste (low cost) y multipliquen el número de pasajeros que cada día parten a países como Cuba, Tailandia o Camboya a buscar el objeto de su deseo: los menores.
Mientras las fuerzas de seguridad de casi todos los países se centran en la Red, único campo de actuación para la mayor parte de los detenidos por pornografía infantil, los peligrosos, los que producen el material que circulan por la red, están plantando cara a las fuerzas de seguridad. He encontrado indicios de que una de sus tácticas es la "invasión pública" (una de las páginas se llamaba así, Public Invasion), esto es, inundar Internet de imágenes y vídeos de contenido pedófilo con varios objetivos:
1.-despistar a la policía
2.-camuflarse
3.- conseguir que personas que nunca consumirían ese tipo de pornografía lo hagan
4.- que se hable de ello, aunque sea mal
5.- que los medios de comunicación nos hagamos eco y los satanicemos, pero al mismo tiempo informemos y retroalimentemos esta maquinaria. Esto me lleva al inicio de esta intervención escrita.

En mi libro ya lo adelantaba: la guerra está perdida. La imposibilidad de hacer desaparecer contra lo que se lucha -imágenes, vídeos y textos proliferando por servidores en medio mundo- y la continua expansión de la red, unido a la democratización digital por la bajada de precios de los aparatos (cámaras digitales, celulares con cámara, cámaras de vídeo, webcams) hacen imposible atajar el fenómeno. Lo único que nos queda es educar a nuestros hijos para protegerlos de los abusadores. Y eso supone educarlos sexualmente, algo que ni en la vieja Europa se hace bien. Eso supone invertir más en educación y menos, por ejemplo, en armamento.
Geografía de la pornografía infantil
La lucha contra determinados delitos es una cuestión de prioridades de los Estados (lo que Bentham llamó en su día “agenda” y “no agenda”). Si el país es avanzado y tiene cubiertas las necesidades sociales básicas, los abusos de menores y la pornografía infantil se persiguen, con mayor o menor eficacia. Soy de los que afirman que el nivel de abusos sexuales de todo tipo en un país es directamente proporcional a la eficacia de sus servicios sociales. La mayor parte de ellos pasan desapercibidos y no son denunciados, incluso en lugares considerados pujantes económicamente, así que no les pidamos a los países más pobres del mundo que combatan estas lacras: primero tendrán que intentar dar trabajo, casa y comida a sus ciudadanos. La pornografía infantil es, como producto final, un problema del mundo más desarrollado. Los países en vías de desarrollo (nombre políticamente correcto para designar a los más empobrecidos) surten simplemente de actores las fantasías aberrantes de las películas e imágenes que graban los abusadores y pederastas del Primer Mundo. Es una desgracia que ya se haya conocido que en la iniciativa de proporcionar ordenadores baratos a países subdesarrollados se haya colado también la pornografía infantil. La globalización y la tecnología que la permite destapan lo mejor del ser humano, pero también el lado oscuro.
Estados Unidos, Japón y Europa son, por este orden, las zonas del mundo que más pornografía infantil producen y consumen. También son algunos de sus ciudadanos sin escrúpulos los que más turismo sexual infantil realizan. Ambas conductas se retroalimentan entre sí y, al unirse el factor de la tecnología, consiguen que el fenómeno parezca mayor de lo que en realidad es.
La principal causa de que la pornografía infantil prendiera en Estados Unidos con tanta fuerza se debe a que allí nació Internet y esa potencia continúa siendo la primera a escala tecnológica en muchos aspectos. La mayor parte de los servidores que alojan pornografía infantil han sido registrados por firmas americanas, como cualquiera puede comprobar si ejecuta un comando «whois» en las páginas web explícitas de porno infantil. Ante la persecución de los últimos años y al tener que proporcionar datos cada servidor sobre lo que alojaba, el material audiovisual prohibido ha migrado a países sin legislación sobre la materia, o claramente corruptos. Así, antiguas repúblicas soviéticas como Ucrania o Kirguizistán, poseen miles de dominios registrados para alojar todo el material cuya clasificación responda a las palabras clave «lolita», «preteen», «underage» y similares. En estos nuevos países también es fácil la producción de pornografía de este tipo, ya que la pobreza de determinadas capas de población permite que mafias organizadas consigan por poco dinero actores y actrices de películas pornográficas infantiles, o sea, niños de los que abusar y que prostituir por unos pocos euros. En Rusia también se encuentran muchas páginas explícitas, tanto gratuitas como de pago, pero no con tanta profusión y empuje como en los antiguos satélites de la URSS. En el caso de América del Sur, importantes series de pornografía infantil han salido de países como Costa Rica o Perú. México tampoco permanece ajena al problema e incluso se han destapado casos que implican a empresarios y políticos, aunque la denuncia periodística a quien hace correr riesgos es al propio denunciador, no al denunciado (caso Lydia Cacho).
El caso de Japón se debe fundamentalmente al fenómeno Lolikon, que son mangas totalmente legales que recogen dibujos explícitos de sexo entre menores o de niños con adultos. Suelen desdibujar los genitales, aunque depende de los tipos de cómic (Shojo, Hentai y Shonen). En el caso de los hentai, que son los más fuertes, se suelen ver escenas explícitas. Los abusos que aparecen en estos cómics (ahora en revistas, vídeos y DVD con protagonistas reales) se realizan generalmente sobre una colegiala. El uniforme escolar, con falda corta de tablas y camisa desabotonada, es el fetiche por excelencia en parte de la población japonesa. La pornografía infantil y la prostitución de adolescentes está creciendo de forma alarmante, según los informes de la policía japonesa. La avanzada tecnologización de este país contribuye de forma notable a que sea difícil de controlar. Teléfonos móviles que permiten vídeo y fotografía han venido a sumar otro elemento más de controversia en el ya complicado mundillo del porno infantil. A Japón le siguen de cerca en este problema países también bastante avanzados como Australia y Nueva Zelanda. Todos ellos están cercanos geográficamente al sudeste asiático, el núcleo de la prostitución infantil mundial en estos momentos, aunque cada vez más vigilado. Y Japón también exporta muchísima pornografía infantil a Estados Unidos y Canadá, por el intenso intercambio comercial de todo tipo entre estas potencias desde que terminó la Segunda Guerra Mundial. El FBI afirma que la mafia japonesa (la Yakuza) está detrás de muchas imágenes de este tipo, pero los hechos demuestran que los usuarios japoneses de Internet se bastan ellos solos para acceder a este aberrante tráfico. Entre las últimas noticias que tenemos sobre esta zona del globo aparece la caída de una red en la llamada operación “Aquiles”, que coordinó el FBI y, según los datos (interesados, no lo olviden) aportados hay 2500 consumidores de pornografía infantil entre los que aún queda por dilucidar si hay abusadores. La operación afecta a 19 países y, sin especificar, vuelven a hablar de un millón de imágenes (¿de qué? ¿de quién? ¿cuántas víctimas involucradas?) incautadas. La confusión es una constante en este tipo de noticias cuando luego se afirma que “más de 40 niños fueron rescatados de situaciones de abusos sexuales y 22 integrantes de la red fueron detenidos”. ¿Pero no eran 2.500? En el siguiente párrafo, más para despistar: “la policía cerró cuatro páginas web comerciales de sexo con niños y arrestó a más de 100 personas por comprar”. 2.500, más de 40, 22, más de 100. ¿Alguien entiende algo? Cada vez más ciudadanos libres, que no leen sólo medios tradicionales y analizan con rigor crítico las noticias, se están dando cuenta. En la web Malaprensa.com analizaban recientemente un dato proporcionado por una asociación que lucha contra esta lacra en la que se decía que había 4 millones de páginas web con pornografía infantil. Cito: “Curiosamente, también se contiene ahí información para darse cuenta de que la cifra es absurda: si cada día se crean 500 sitios nuevos, ¿cuántos años hacen falta para llegar a 4.000.000 de sitios? Veintidós años (4.000.000/[500x365]), mucho más de lo que lleva en danza Internet”. Y más adelante: “Es decir, no son cuatro millones (3,8, según la información de la Unesco–sin referencias, por otra parte), sino 23.000. Cuatro millones sería ... ¡el número total de páginas web estimadas hacia 1999! ¿Algun día aprenderán los redactores de informes de las ONGs y los periodistas a contar? ¿Algún día tendrán idea de lo que significan los números? ¿Algún día aprenderán a leer lo que ellos mismos escriben y darse cuenta de lo contradictorio de los datos de manejan? ¿Algún día aprenderán a leer inglés?”. En este mar de confusión nos movemos, primero los que dan la información, luego los periodistas y, cliente final, los ciudadanos. A esto hay que añadir que en países como España ya no se puede investigar nada de este asunto sin el riesgo, más que evidente, de ir a la cárcel. Se lo digo por propia experiencia. Se puede “husmear” con el beneplácito de la policía o de las oenegés que llevan el asunto, pero ya me dirán dónde está entonces la independencia y el contraste de la información y las fuentes, así como la versión de todas las partes implicadas en estos tráficos, que es lo que yo abordo en mi ensayo.
En Europa, los abusos sexuales contra menores tienen una larga y documentada tradición y, como desvela Ian Gibson en “El erotómano”, intelectuales de reconocido prestigio se dedicaron a coleccionar literatura y fotografías eróticas, algunas de las cuales incluían sexo con niños. Junto a esos intelectuales, aristócratas, nobles e incluso casas reales. En países como Holanda se publicaron hasta los años 70 revistas como Lolita Magazine, en la que sin ningún tipo de complejos aparecían escenas de sexo explícito tanto de incesto como de actos con menores. Esta revista trascendía el país y era leída en todo el continente, sobre todo en Bélgica y Alemania, también grandes consumidores de este tipo de pornografía y lugar de procedencia de grandes viajeros a paraísos de pedófilos. Citando a belgas y alemanes pederastas, Unicef denunció en repetidas ocasiones que la ciudad checa de Cheb es «un bazar, un nido para pedófilos». Está a 20 minutos de la frontera alemana y es lugar habitual de compras a módico precio de víveres y ropa. Según Unicef, que recogió testimonios de menores víctimas de abusos sexuales, muchos de esos compradores son también turistas sexuales, la mitad de los cuales buscan niños o niñas.
Ni que decir tiene el enorme problema que tienen los ingleses con los casos de abusadores de niños (es el país europeo en que más detenciones se producen relacionadas con este aspecto criminal, o al menos el que más sale en los medios ingleses sensacionalistas). Portugal tampoco se libra, y si echamos la vista atrás en la historia de todos estos países y su trayectoria colonial y esclavista, la tradición de abusos de todo tipo es innegable.
Distintos niveles
Dentro de los explotadores sexuales de niños a través de la pornografía infantil, la policía utiliza una vara de medir distinta a otros delitos. Por ejemplo, en la prostitución de adultos se castiga a los proxenetas por traficar con las prostitutas, a las mismas prostitutas por ejercer la prostitución, y a aquellos que tienen que ver con este comercio sexual. Raramente a los clientes. Sin embargo, en la pornografía infantil se castiga penalmente a los productores (camarógrafos, fotógrafos, editores de vídeos), a los intermediarios (aquellos que consiguen a los niños y niñas para ser filmados), a los distribuidores (aquellos que venden el material) y también a los que visionan esta pornografía, la coleccionen o no, que serían en este caso los clientes últimos.
La creciente computerización de las sociedades modernas crea nuevos consumidores de pornografía infantil. Se trata de individuos que no tienen preferencia alguna por los niños, que no estaban dentro de sus intereses sexuales, pero empiezan a visionar vídeos y fotos de menores una vez hartos de la pornografía adulta. Dentro del mercado habitual de pornografía, lo consideran uno de los más fuertes. Nadie se lleva las manos a la cabeza por la pornografía que implica a ancianos (cada vez más extendida), a enanos o a animales: la pornografía infantil es la nueva gran cruzada de los departamentos policiales. El interés mediático que despierta anima a los agentes a montar auténticos espectáculos que, si se analizan con rigor, apenas se sostienen en muchos casos. En España, cada dos o tres meses hay una redada de este tipo, como se lleva haciendo durante más de 30 años para otros tráficos, como el de drogas a pequeña o gran escala. Ahora está complicando la vida a muchas personas, pues el sólo hecho de estar procesado en un asunto así te anula socialmente, aunque luego salgas inocente. Entre otras deficiencias de la justicia española cabe destacar su lentitud y la continua filtración a la prensa de todo tipo de datos. En países serios como Dinamarca, el procesado es una simple letra hasta que sale la sentencia. En España, y en otros muchos países, tando del ámbito latino como del anglosajón, los detenidos son portada desde el primer día con nombres y apellido.
Entre los niveles de producción de este tipo de material audiovisual se distingue el porno infantil «profesional» y el «amateur». El primero es el que suelen dominar organizaciones que han visto la fuerte demanda de este mercado y que generalmente ya estaban montadas para comerciar con la pornografía de adultos. Los principales estudios de pornografía infantil de hoy en día se sitúan en las repúblicas que rodean a Rusia, así como en algunos países latinoamericanos, como México y Costa Rica. Las cifras que se manejan son tan dispares y secretas como las de cualquier negocio ilícito. Infladas casi siempre por los mandos policiales y políticos en un intento de lanzar a la sociedad el mensaje del miedo y de la necesidad de más seguridad –para lo que hay que cortar y coartar libertades y derechos individuales-.
Sin embargo, es la pornografía infantil amateur la más difundida en la red y también la más fuerte. No hay productores asociados, por el temor a ser capturados, sino que los abusadores y pedófilos que la producen actúan como francotiradores, por su propia cuenta y riesgo.
Entre los productores amateurs se pueden distinguir dos tipologías fundamentales:
1) Los incestuosos (sus fotos implican a alguien de su familia o de su entorno). Lo que producen implica a pocas víctimas, pero durante mucho más tiempo.
2) Los furtivos o viajeros (sus producciones van desde vídeos en playas nudistas, en colegios o guarderías donde trabajan, hasta países de turismo sexual a los que viajan). La pornografía infantil que hacen es oportunista, no suelen abusar de las mismas víctimas durante mucho tiempo. Pero el daño que hacen puede ser incluso mayor, si valoramos la cantidad, ya que sus víctimas se pueden contar por decenas, según el tiempo que tarde la policía en capturarlos.
Ecpat (End Child Prostitution, Child Pornography, and Trafficking of Children for Sexual Purposes) llega a distinguir tres tipologías de delincuentes sexuales de niños que pueden o no producir pornografía infantil: seductores, introvertidos y sádicos, según su nivel de violencia.
También los niveles se aplican a los protagonistas que aparecen en las fotos y vídeos de pornografía infantil. Entre los consumidores, se distinguen varios tramos de edad y pseudopornografía.
1) Mujeres muy jóvenes (young women), que rozan la mayoría de edad legal (18 a 21 años, según los países). En España hay detenidos con cargos por posesión y distribución de porno infantil por tener este tipo de material, en teoría legal. Los forenses de la policía se encargarán de decir que estas actrices tienen 14 años o menos (véase caso http://indignado7777.wordpress.com, activo cuando escribo este texto).
2) Adolescentes (teens), entre 15 y 18 años.
3) Adolescentes tempranas (early teens), de 13 a 15 años.
4) Preadolescentes (preteens), de 7 a 12 años.
5) Niños y niñas (child), de 4 a 6 años.
6) Bebés (baby sex), de 0 a 3 años.
7) Fotos falsas (fakes). Se trata de fotos retocadas, donde se colocan caras de niños o niñas en cuerpos de adultos poco desarrollados. Ahora en determinados países europeos son punibles.
8) Dibujos, cómics, mangas, animaciones. Con programas en 3D, con simples escaneos de revistas y cómics se pueden conseguir estas imágenes, que también coleccionan los pornógrafos infantiles. Es pseudopornografía, que todavía no está castigada, aunque tardará poco en estarlo, así como la pornografía infantil escrita.
Según la aberrante opinión de los propios consumidores, «todo sexo con bebés y niños muy pequeños es una violación, porque no pueden dar su consentimiento, pero a partir de los 7 años ya pueden participar activamente». Para ellos, sólo es ilegal la pornografía infantil que refleja sexo de adultos con menores o de menores entre sí, pero sería legal cualquier foto, sea con ropa o sin ella, de un niño o niña solos. Según los países, se considera pornografía infantil ilegal aquella en la que los niños y niñas presentan «poses sexuales», una expresión que queda al arbitrio de jueces y policías.
Otro parágrafo de mi libro se refería a la “intensidad de la pornografía infantil”, donde apuntaba que las noticias –no se olviden que en lo que leen en los diarios o ven en las televisiones suele haber, casi siempre, una única fuente informativa, interesada, que es la policía o sus jefes, ministerios de interior o gobiernos- no proporcionan los datos fundamentales para una información riguros y mínimamente seria sobre cuánta pornografía infantil puede haber o cuántos menores involucrados existen. Esto está cambiando un poco, pero a paso lento, merced a la creciente información que dispone el ciudadano y que se puede ver en la web pero jamás sería reproducida en un periódico o una televisión. Les aporto sólo un dato: en el periódico El Mundo, tras una entrevista extensa que me realizaron por mi libro y mi caso, salió 1 LÍNEA de todo lo que expuse. La revista Tiempo, que iba a hacerme una entrevista, la canceló a instancias de la dirección del grupo Zeta. Los discursos que se salen de lo “oficial” no interesan en mi país a los que tienen el poder. Pero sí mucho a los ciudadanos, como puedo comprobar cada día en mi blog.
¿Existe tanta pornografía infantil como dice la policía? Si analizamos cualquier detención policial a gran escala relacionada con este delito nos damos cuenta de que nunca se dan datos fundamentales para una información rigurosa y mínimamente seria. ¿cuántos niños involucrados hay? ¿de dónde son y quiénes abusan de ellos?
Un informe que todavía se puede recuperar de páginas museo de Internet del tipo web.archive.org desvela un análisis sobre la pornografía infantil incautada por la policía estadounidense entre 1984 y 2000. Se trata de una filtración de un comunicante anónimo de Columbia. En ella se desvelan los nombres de las principales series ilegales de pornografía infantil que circulan por Internet hoy en día (al ser tan fuertes, siguen siendo las más solicitadas por los pornógrafos infantiles), el número de imágenes que consiguió la policía –a veces hay más pero se pierden debido a los numerosos cambios de nombres que sufren-, la edad de la víctima o víctimas que en ellas participan y cuántos agresores sexuales se pueden distinguir en ellas.
Mientras hablan de redadas en las que se confiscan millones de fotografías (con la red Wonderland se llegó a hablar de un millón de imágenes, algo inaudito en aquel tiempo, la década de los 90, con aquellas conexiones raquíticas a Internet), lo que no se cuenta es que la inmensa mayoría es pornografía infantil «legal» (al menos en Estados Unidos) –que incluye desnudos de niños y niñas pero que no participan en ningún acto sexual con nadie– o que incluye imágenes retocadas por ordenador (caras de niños y niñas pero cuerpos de adultos, fácilmente manipulables con conversores de imágenes). Nos faltan datos sobre vídeos, aunque buena parte de las series de porno infantil tienen su correspondiente vídeo, a no ser que tengan mucha antigüedad. Es la policía la que dispone de toda esta información, pero por razones nada claras no desea que se haga pública. Esa misma policía que vuelve a colocar en la red imágenes confiscadas para seguir capturando a gente que las vea y las coleccione (FBI y Guardia Civil española lo hacen, y se supone que más policías del mundo).
Con el listado anterior se concluye que, entre 1984 y 2000, el número de series «nuevas» de pornografía infantil en Internet creció a un ritmo de diez por año. Si se tiene en cuenta que en todas esas series (que incluyen todo el orbe) sólo hay 138 víctimas de abusos (si no consideramos abuso hacer una foto de los genitales de un menor), la proporción no sería tan alarmante para 15 años. De todas las series analizadas en ese listado, sólo 14 de ellas recogen niños violados, 32 muestran sexo sin penetración y 39 están desarrollando felaciones. La mayor parte de las series incluye únicamente fotos explícitas de los genitales. Hoy todo eso ha cambiado y se ha acelerado por lo que vengo explicando: abaratamiento de costes de la tecnología que lo permite, duplicación de ese material casi instantáneo –cuando se transmite una imagen, un vídeo o un texto en internet se duplica. La incautación de ordenadores sirve de poco, hay que ir a la producción misma para impedirlo- e incorporación masiva de usuarios a internet cada año que transcurre.
La mayor parte de las fotos de pornografía infantil incautadas en las detenciones que se practican hoy en día proceden de newsgroups de Usenet, cuyos nombres ya hemos citado. Esas imágenes no se venden, son enviadas a esos grupos de forma gratuita, anónima y libre. La inmensa mayoría de esas imágenes son ilegales en cualquier país del mundo, pero siguen ahí. ¿No pueden hacer nada las fuerzas de seguridad por eliminar esos newsgroups? ¿O tendremos que sospechar que se mantienen para poder encarcelar a más gente y que los policías puedan salir en las fotos con sus «éxitos»? ¿Qué medidas puede tomar cada gobierno para impedir que sus ciudadanos puedan acceder a esos grupos?
Sin embargo, se estima en unos 100 millones de dólares el dinero dedicado en Estados Unidos a combatir la industria pornográfica infantil. Una lucha contra algo que, según los más críticos, apenas existe, ya que la mayor producción es amateur para consumo gratuito entre iguales.
En países como España, pretendidos «entendidos» en la materia también lanzan cifras alarmantes. En una conferencia hace unos años en un foro sobre derecho y nuevas tecnologías en Madrid se llegó a exponer esta falsedad evidente: «De los dos mil millones de dólares que genera el negocio del ciberespacio, aproximadamente la mitad corresponden a la difusión de pornografía infantil en la red». La ponente, María Estrella Gutiérrez Davis, se supone que abogada o especialista en alguna materia jurídica, saca estos datos de una red italo-rusa de producción y distribución de vídeos pornográficos para pornógrafos infantiles que cobraba las cintas entre 1.200 y 22.000 euros. Sólo con esos precios ya extrapola y pasa totalmente de enterarse del volumen real de negocio de la pornografía «normal» en la red, que está a años luz de la infantil. Tan es así que la revista de papel Penthouse ha tenido que cerrar tras la irrupción de Internet y sus mayores posibilidades multimedia. Ahora las chicas de Penthouse se mueven y hablan realmente en la red al son de lo que marcan los clientes con sus tarjetas de crédito.
Para los críticos de la policía y de los grupos de moralistas religiosos (que subyacen bajo casi todas las asociaciones que luchan contra este tipo de explotación infantil), la pornografía infantil es la «última excusa» antes del 11 de septiembre «para suspender las libertades civiles e imponer medidas policiales draconianas que las coartan». Consideran que planes como los de Ecpat, Interpol y Unesco puestos en marcha en 1999 para combatir la pornografía infantil y la pedofilia en Internet «vulneran derechos como la libertad de expresión, la libertad de movimiento, el derecho a la intimidad y socavan de forma importante las libertades civiles». En aquel plan, que ni se sabe si sigue todavía vigente, se propuso la creación de una agencia multinacional especializada que seguiría estos pasos:
1) Monitorizar todos los canales de charla de Irc y grabarlos.
2) Controlar todos los newsgroups y la web en busca de este material.
3) Abrir líneas de colaboración entre gobiernos y agencias de seguridad de los Estados a este respecto.
4) Ilegalizar todo tipo de software de encriptación y que permita el anonimato en Internet.
5) Obligar a los proveedores de Internet (ISP) a grabar toda la actividad de sus usuarios y mantenerla durante un periodo de tiempo.
6) Pedir la colaboración ciudadana para que denuncie todo tipo de conducta susceptible de ser encuadrada en estos delitos (gracias a eso ya se ha enviado a la cárcel a padres que han revelado fotos de sus hijos desnudos, se ha procesado a fotógrafos que han expuesto desnudos de adolescentes y demás tropelías sin sentido).
Sospechamos y sabemos que nos vigilan, que Orwell también se quedó corto con su “1984”. La red Echelon y otras que aún no conocemos pero saldrán a la luz tarde o temprano buscan controlar algo hoy por hoy incontrolable como es la Red. Al menos en las democracias parlamentarias: en China o Cuba ya se controla y monitoriza Internet desde que existe.
A poco que uno tenga interés en contrastar las cifras que dan los nuevos cruzados morales contra la pornografía infantil se ven las contradicciones. En páginas como la de Acpi (asociación española) aparecen datos que nada tienen que ver con las de Casa Alianza (asociación latinoamericana) o con los de Ecpat, que es quizás la organización más seria y más realista en la lucha contra la explotación sexual infantil, aunque sus miras son demasiado elevadas para el mundo en que vivimos y a veces sus cifras –como la de cuatro millones de webs que cito- son del todo exageradas.
Para rebatir las cifras sobre pornografía infantil de estas organizaciones hay que hacerse simplemente varias preguntas:
1) ¿Cómo se cuentan las fotos y los vídeos? ¿Por número de niños víctimas o por cantidad de material incautado?
2) ¿Qué considera pornografía infantil el que cuenta? ¿Cómo sabe la edad, por intuición? Se ha descubierto que muchos agentes del orden consideran pornografía infantil la que aparece en revistas del tipo Barely Legal o Teen 18. ¿Se cuentan las fotos de poses sensuales pero vestidas? ¿Es pornografía infantil un desnudo simplemente o sólo lo es un acto sexual explícito? ¿Detendrán a alguien en la Biblioteca Nacional Española por tener en sus estantes libros y películas de David Hamilton?
Supuesto incremento de abusos
El supuesto incremento de los abusos sexuales sobre menores y de la pedofilia es explicado de muy diversas maneras. Según la coloración política del que opina del asunto, de su formación intelectual, de su concepción moral del mundo, las interpretaciones de lo que sucede con estos fenómenos varía notablemente.
Profesores de Periodismo en Estados Unidos como Robert Jensen se llegan a preguntar si todo esto surge de la educación que recibimos, no sólo en la infancia, sino a lo largo de nuestra trayectoria vital. Según la tesis de Jensen, los hombres en países como el suyo pueden llegar a considerar casi «normal» la violación. Para explicarla, se apoya en el psicópata sexualmente sádico Richard Marc Evonitz, que secuestró, violó y asesinó a niñas en Virginia. Según el FBI, un individuo así no es capaz de sentir remordimiento por lo que hace al no sentir aprecio por la humanidad de sus víctimas, a las que trata como objetos. Jensen cree que esta descripción de psicopatía se puede aplicar a buena parte de la actividad sexual en nuestra cultura. La pornografía sólo muestra a personas como objetos sexuales, y la prostitución, a pesar de ser ilegal, produce enormes beneficios en Estados Unidos y casi nadie tiene en cuenta que detrás de cada prostituta o prostituto hay familias que cuidan o dependen de él. Según Jensen, mostrar el sexo como arma de poder, cosificar a los compañeros sexuales, puede degenerar en violencia sexual y de hecho incrementa los abusos sexuales, tanto en adultos como en menores. Este autor no busca que se vuelva a una moralidad trasnochada, como en la era victoriana, sino que se ofrezca en todos los medios que llegan a la gente (escuela, libros, cultura, medios de comunicaión) una ética sexual basada en la equidad y no en la dominación, donde no haya subordinados y dominadores.
Otros escritores, como el español Manuel Molares do Val, apuntan a factores como la creciente utilización de niños en las televisiones y la progresiva infantilización de la sociedad. En un artículo titulado Televisión pedófila, Molares denuncia que «con el señuelo de divulgar el arte infantil, las televisiones españolas emiten programas con niños cantantes y bailarines que hacen vibrar de entusiasmo a sus padres y a un creciente número de pedófilos». Critica también los concursos de misses para niñas y recuerda el lamentable caso de una de las ganadoras del certamen Miss Little Girl en Estados Unidos, que fue asesinada con 6 años tras ser violada. Este articulista considera que, con todos estos programas, a los que tilda de «cutres», se está «despertando a los pedófilos que estaban dormidos u ocultos en el armario».
Articulistas, como Plácido Lizancos, poco informados y saturados de tópicos, llegan incluso a leer mal las noticias sobre las que luego basan sus peroratas trasnochadas. En un artículo titulado Pederastas declarados, Lizancos llegó a contar la anécdota personal de un cura que, cada vez que aparecía un caso de abusos contra menores, le decía: «A estos los hay que fusilar por delante y por detrás». Con esta edificante frase, sobre todo por venir de quien viene, quizás la profesión que más tiene que callar ahora mismo sobre los abusos sexuales sobre menores, da comienzo a un artículo plagado de lugares comunes en el que manifiesta su odio a unos presuntos pornógrafos infantiles y su creencia ciega en lo que dicen las notas de prensa de la policía, a la que recomienda en estos casos usar la palabra «camada» en lugar de organización. Como decía Oscar Wilde en De profundis, «escribir en los periódicos que se odia a alguien es como confesar una enfermedad secreta y vergonzosa». Lizancos, en su afán por sentar cátedra y dar ejemplo, confunde pedofilia con homosexualidad, ni nombra la presunción de inocencia y llega a decir que la «onda purificadora de la ética cristiana» sustituyó a la decadencia de la sociedad romana en estos asuntos.
En algo que se puede aplicar perfectamente a lo aquí tratado, sugería el Nobel de Literatura Günter Grass que “antes los argumentos precedían a las decisiones y ahora es al revés. La política ha devenido en espectáculo y el espectáculo se ha presentado como la verdad”. En el asunto del tráfico de menores y la pornografía infantil ocurre así: se legisla a golpe de noticiero, según lo que claman unos medios de comunicación que casi nunca contrastan sus fuentes o sólo tienen una fuente única de información, donde no cabe –por la premura, por la precariedad laboral, por la urgencia de contar el primero aunque lo cuentes mal- el periodismo riguroso de investigación. Esto lleva a exacerbar intencionadamente sentimientos victimistas, a favorecer la violencia en la sociedad que, al estar atemorizada, está dispuesta a aplicar la ley del talión porque no cree en la justicia, tampoco en su derecho –que suele estar desfasado, y más en esta sociedad de cambios tecnológicos tan rápidos- ni mucho menos en la ley que emana de unos legisladores que proceden de cúpulas del saber encerradas en burbujas de cristal y que sólo salen a respirar lo que los políticos les sugieren tras la opinión publicada.

Muchos sitios web que expuse en 2004 siguen activos tras estos años, como http://www.glgarden.org/. Amator Puellularum era el seudónimo de Lindsay Ashford, que hoy tiene incluso una referencia en la Wikipedia en inglés. En 2004 salió del armario en una entrevista en Estados Unidos, aunque solía residir en Holanda. Asociaciones antipedofilia le han dedicado incluso un vídeo en YouTube, en la que lo amenazan y lo comparan con el culo de un animal. También se puede encontrar una entrevista a Ashford en YouTube, un caso excepcional dentro de la comunidad pedófila, aunque era lo que se podía esperar al residir en Holanda, uno de los países más liberales en cuanto a opciones sexuales.
Por supuesto, han nacido en este tiempo todavía más páginas de ciberactivistas contra la pornografía infantil. Alguna, como Patrulleros.com, es de policías. La mayor parte de estas páginas son de asociaciones no gubernamentales –pero bien dotadas de fondos gubernamentales en la mayor parte de los casos- que se mueven por diversas razones, no todas muy claras. Este asunto, el de la protección a la infancia, debería estar en la “agenda” del Gobierno (término de Bentham) y así no proliferarían estos colectivos paragubernamentales, que en muchos casos se asemejan por sus modos e ideología a piquetes de barrios conflictivos.
Desde 1995, en que la red Internet se implantó de forma accesible económica y tecnológicamente, las detenciones practicadas por las policías de todo el mundo de supuestos pederastas han sido masivas. En el año 2002, por ejemplo, sólo la policía británica había llevado a la cárcel a más de dos mil presuntos pederastas, en su habitual táctica de confundir pederasta con consumidor de pornografía infantil y pornógrafo con abusador de menores. En 2001, el FBI dio información sobre una página web de pago de pornografía infantil que tenía en su listado a 7.000 personas, seguramente muchas de ellas sin saber nada, ya que conseguir números de tarjetas de crédito por Internet para cometer tropelías está a la orden del día.
Algunos críticos con la acción descoordinada de la policía en todo el mundo comparan esta situación con la de los bomberos: su mejor labor está en la prevención, pero nadie querría tener un cuerpo de bomberos que fuese prendiendo pequeños fuegos para luego poder apagarlos. Esto sucede con la policía cuando pone cebos para pornógrafos infantiles en forma de páginas web explícitas o haciéndose pasar por niños para detener a presuntos pederastas. Aparte de la particular incitación al delito que esto supone, lo que consiguen es crear criminales allí donde antes no los había, en lugar de preocuparse por investigar y cortar de raíz el tráfico y la explotación sexual de niños, una labor a la que se tienen que dedicar los Estados, no las organizaciones no gubernamentales.
Detener a pornógrafos infantiles en la actualidad le supone a la policía varios beneficios evidentes:
1) Dar la imagen de que ejecutan bien su función al cazar a presuntos abusadores de niños o a los que ellos creen que pueden abusar de ellos en el futuro.
2) Simular el estatus de que están «muy preparados&r